domingo, 2 de diciembre de 2012

Protestar sirve.

Sí, emulando las palabras del Gran Wyoming en el intermedio, este post es como un faro de repetición de esas palabras, programa emitido recientemente. Sí, porque a pesar de todo existe una cierta pusilanimidad por parte de muchos que siguen pensando que todo tipo de manifestaciones y testimonios en contra de las políticas de los actuales gobernantes, no sirven de nada. Un desánimo ante las reacciones espontáneas del pueblo trabajador, que en días presentes está viendo mermada sus perspectivas de futuro a pasos de gigante.
Protestar sirve; esa frase también rondaba mi mente ante la actitud de algunos conciudadanos ante la ola de manisfestaciones en todos los ámbitos. Por supuesto que sirve, es más, esas protestas a lo largo de la historia, han servido a cualquier núcleo de población para expresar su descontento. Ese el llamado derecho al "pataleo", que la voz popular reclama como el último derecho inalienable a la convivencia de los pueblos con los estados. Decir lo contrario es negar la lucha que nuestros antepasados mantuvieron para llegar a donde estábamos.
Basta ya, de echarnos tierra en nuestro propio tejado, es el momento de ser solidarios y ponerse en el pellejo ajeno, para comprender las vicisitudes que atravesamos, y que enfrentamos día a día. Cada vez son más los colectivos (ya incluso la policía), que se lanzan a la calle en contra del desmantelamiento del llamado estado del bienestar, y que no representan otra cosa, que la garantía de una vida en equilibrio para con las necesidades personales, ante el abuso de poder de gobernantes y poderosos.
Protestar sirve, y aunque yo no haya asistido a ninguna de las manifestaciones, las he vivido con intensidad y amargura a la vez, a través de los medios informátivos.Igualmente que los desalojos o desahucios de personas humildes y desamparadas por el desempleo y la falta de recursos. Consignas como "estas son nuestras armas", entonadas ante la represión de los cuerpos de seguridad del estado,"sí se puede" o "no es una crisis es una estafa", han llegado lucidas y fagrantes a mis oídos, resonando y removiendo resortes para contagiarme de esa lucha que hoy y siempre tendrá que librar el individuo y el estado.
Protestar sirve porque gracias a las mismas se consiguen avances o se detienene políticas abusivas e injustas, porque en el pueblo soberano reside el poder, sólo falta que nos lo creamos verdaderamente.

                                          (Imagen de Luis Salares) 

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