domingo, 6 de enero de 2013

Caída de un niño, pajarito muerto

Caerse del carrito el simpático bebé y aparecer el gato por la terraza con un pájaro en la boca, sucedió instantáneamente. Una catástrofe de complejas sincronías que se dieron con una pavorosa exactitud. De hecho, justo unos segundos antes, mientras elegía el babero oportuno, un relámpago se había producido en su mente, presagiando precisamente, justo lo que después ocurriría. Isidoro, pensaba que jamás se lo perdonaría, que por una negligencia suya, pudiera hacerse daño su maravilloso retoño. Tan sonriente y feliz, lo había dejado frente a sus videos favoritos.

Al cerrar el cajón de gasas, baberos, del pequeño Loren, Isis salió como una bala de nuevo a su lado. Lo había dejado sin atar en el carrito, se había confiado en que permanecería quieto, concentrado en su dosis de pantalla. Pero fue en el momento de cerrar la habitación, que Loren giró la cabeza para mirar hacia el sonido. Miró por un segundo a su papi, sonrío, quiso hacer un aspaviento de alegría y en ese gesto de alboroto, se vino de cabeza al suelo. Golpeando con el frontal izquierdo de su cráneo soberanamente, para seguidamente, con un leve chasquido de saliva, aplastarse se boca con el suelo.

La balanza de los presagios malignos, había salido victoriosa y laureada, y el llanto de Loren no contribuiría a lo opuesto, sino a ennegrecer más y destruir por instantes, por minutos tal vez, la necesaria serenidad que la situación requería. Tampoco Laura lo haría, porque ella se" vendría abajo", lloraría, y cuando viera el chichón que Loren exhibiría se creería morir. Y entonces, no sería de extrañar que lo acusara de inepto o de capullo, aunque no suele usar ella esas palabras, le diría más bien cabrón o chalao. Vaya usted a saber.Sin embargo, no hubo esta clase de reacciones, porque ambos estaban demasiado ocupados en hacer que Loren se aliviara, tras su caída, que como un tsunami, había quebrado el agradable desarrollo de aquel domingo radiante de sol, para la familia.

-¡Mi niño, mi niño!- Repetía papi a los oídos de Loren, acariciándole y abrazándole. - Tu papi es gilipollas- Mientras a Laura se le hacía la cara pucheros, la boca expresando el dolor y preocupación de madre, imaginándose la peor de las posibilidades, el más fatal de los destinos. La verdad, en ese momento,  Isis se había comportado cual necio. Descuidos, a la larga se tienen, y accidentes diversos, caídas, golpes, tropiezos, creo que forman parte del crecimiento de cualquier ser humano. Pero uno, no piensa eso, cuando tiene a su hijo con el rostro en el piso frío del invierno, pudiendo haber sido evitable.

No hubiera desmerecido unos pocos improperios, por su imprudencia, Isis pensaba que los merecía. Y él mismo se dedicaba unos pocos, ante la falta de reacción de Laura, que estaba más preocupada en el llanto, en el comportamiento de Loren. Isis buscó rapidamente hielo en la nevera, lo lió en un paño de cocina y lo puso justamente donde empezaba a ponerse morada la frente de Lor. Y como la hora del próximo biberón se acercaba pidió a Laura que lo calentase.

Ipso facto, el avituallamiento estaba preparado. Y en pocos minutos Loren engullía con toda normalidad su ración del momento. Habían cesado los llantos, y la calma parecía que poco a poco se restablecería, en aquella apocalípsis generada por la caída al vacío de Loren. Él, parecía haber olvidado lo ocurrido tan pronto, como encontró la tetina en su boca. Para fortuna de ambos. No obstante, en el sitio del golpe, aún podía observarse esa reacción que lentamente los hematomas van produciendo en la piel, y que a Laura su visión, aún le producía un moderado desvanecimiento.
Ambos le seguían poniendo hielo.

Y así con más gloria que pena, fue creciendo de nuevo la hoguera de la paz y la salud, la hoguera de la fuerza y la entereza. En esa transición, del desfile de la brutal preocupación al natural desquite de resultar un pequeño susto, Isis recordó el trofeo que Grava, felina lisonjera y cazadora, traía en su boca, y que había depositado en la casa; un pequeño pajarito recién muerto, tan joven y bello. ¡Lástima!, parecía que Grava lo había encontrado en ese estado. Entonces Isis pensó que aquella había sido la auténtica tragedia de lo sucedido.

1 comentario:

  1. Meterse en "Rayuela" es toda una aventura, siempre lo he visto así, desde la primera vez que lo leí en la época del instituto hasta ahora que he vuelto a él por su cincuenta aniversario.

    Un saludo, Luis.

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