jueves, 28 de marzo de 2013

Tragedias cotidianas



Hay días en que nada significa todo,

días en los que aparece el ocaso,

y la boca, corazón, y brazos,

se llenan de Tierra muerta.


Ni la energía de una bulería,

ni el irónico humor del monologuista,

ni el fulgor del sol, ni el calor del vino,

ni la algarabía de las paellas,

ni las redes en sociedad,

ni la cajetilla repleta de nicotina,

me sacan de la muerte de hoy.


Hay despertares llenos de sinsabores,

acuciados por el enfermizo estress,

volcados en "cafeínicos" chorros,

por la cabeza de los edificios,

por las almejas y las guitarras,

por la memoria y el devenir,

por los semáforos y los kioscos.


Ni las felinas zarpas de Benavent,

ni la precisa mirada de un gran amigo,

ni las velas y sus sombras,

ni los inciensos, ni los libros,

ni el agua de profunda lluvia,

ni el oxígeno transparente,

ni la oliva, ni la uva,

me sacan de la muerte de hoy.


Aún queda la esperanza del mañana,

el olvido de la muerte de hoy.

Antes de que llegue,

estaré tecleando un nuevo poema.

Sin importarme que nada,

me sacará de la muerte de hoy.




Noviembre 2011



 

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