jueves, 23 de mayo de 2013

Ser un bebé no es nada fácil

Hay quien piensa que la vida de bebé, es fácil. Uno ve a una criatura desde la barrera, quiero decir cuando aún no es padre, y piensa: Qué mono, ahí en su carrito, con su pañalito, para no tener que buscar un aseo constantemente, con biberones para no tener que hacer ningún esfuerzo por comer, sin tener que trabajar, limpiar o preparar la comida, durmiendo, cagando y comiendo cuando le apetece. Esto parece el paraíso en Tierra, hasta que uno ingresa al otro lado del escenario y pasa a tener una linda criaturita, que a efectos legales y morales le pertenece.

Empiezo a creer que la etapa de bebé, es la más dura de todas las épocas de una persona, y no me extraña nada, que tengamos traumas infantiles; con  el rollo ese, que siempre hemos escuchado, de que la infancia es lo mejor de nuestras vidas. Supongo, que eso lo pensamos cuando nos hacemos mayores, y los recuerdos primarios son más claros que los recientes. Entonces, se idealizan esos primeros años, por el estado puro e inocente, de ese estadío del desarrollo humano.

Ser un bebé es jodido. Primero, porque no puedes expresarte nada más, que con llantos o gritos, cuando necesitas algo; y no puedes definir exactamente que es lo que te asola. Hambre, caca-pipi, o sueño, son los motivos más recurrentes, pero a veces no es ninguna de las tres, y ahora cómo le haces ver a papi o mami lo que se te ha venido encima. Es un verdadero drama, el reto de la comunicación con unas personas, que han aprendido a manifestarse, mediante un lenguaje que aún no dominas.

Luego está el tema de la movilidad, porque mientras te mueves o no, tienes que ser transportado igual que si tuvieras alguna discapacidad o desmayo. Te llevan de un sitio para otro, que vete tu a saber donde nos metieron, y tienes que aguantar sí o sí, las carantoñas del gracioso de turno ,que se empeña en que le digas "ajoooooo". Imagina semejante espectáculo mientras te está saliendo un diente.

Por último un bebé, tiene que manejarse en medio de las frustraciones adultas, el cansancio, la monotonía, el trabajo de papá o mamá, o de los dos, o de ninguno. Y aprender a vivir en la ausencia incomprensible, de alguna de esas personas, que más necesita, en un momento dado.


 

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