jueves, 14 de agosto de 2014

Tuviste que venir

Tuviste que venir, con radiante lealtad,
prendiendo en llamas la rutina;
requieres, las auditorías internas,
los volantes, salvoconductos que garanticen
un mañana sin tu reseteadora presencia.
 
Tuviste que venir, nadie te esperaba,
te hiciste caries y almorranas,
eran tuyos los mangos de las sartenes,
de los cetros, de los báculos, de la vara....

Tuviste que venir, saco de satanás,
inflamaciones de culpa cristiana.
A recrearte y resarcirte en el cuerpo decadente
que no crece ni se explaya,
sino que cavila y empobrece.

Tuviste que venir...
mostrándome que sin ti no hay nada.
La distancia hasta un yo habitual,
había ahora de ser recorrida,
con lo gratificante que resulta
tenerlo a mano de un bolsillo.

              (II)

Tuviste que venir...agachamos las testas
dijimos-..¡pasa!- y luego -...¿qué pasa?.
Entonces mostrastes un sendero
otras veces visionado...
¡Por ese arco pasaré!

Y pasé, con lo sufrido por dentro
y lo aprendido por fuera.
No había engordado
había muerto un poco
pero a pesar de mi atemporal fallecimiento
era más fuerte todavía.

3 comentarios:

  1. Si, tuve que venir con radiante lealtad.... es verdad.... para agradecerte la visita y el comentario en mi blog!

    Pero al leer tu ultimo poema colgado, y al saborear una exquisita dulzura en cada una de sus letras.... quede prendada de tu blog y haré un recorrido por todo el, donde seguramente, el éxtasis saboreado sera poco comparado con lo que estoy por descubrir....

    Fuerte abrazo caribeño!

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  2. Pues me alegro de esa fortaleza, Besos.

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